Orígenes del fotógrafo
Alejandro Masedra nació y creció en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Parque Chacabuco. Su infancia transcurrió alrededor del parque que da nombre al barrio, entre actividades deportivas, encuentros sociales y una vida comunitaria que todavía conserva parte de la identidad barrial porteña. Sin embargo, fueron las inquietudes artísticas las que terminaron marcando su camino.
Gracias al impulso de su familia, desde muy pequeño tuvo acceso a distintas disciplinas creativas. Estudió dibujo, pintura y música durante varios años, experiencias que le permitieron desarrollar una sensibilidad visual que más tarde encontraría nuevas formas de expresión. Aquellas primeras aproximaciones al arte no fueron actividades aisladas, sino los cimientos de una manera de observar el mundo que continúa acompañándolo hasta hoy.
Con el tiempo, sus intereses comenzaron a orientarse hacia otros lenguajes: Estudió Imagen y Sonido, Diseño 3D y cine de animación, hasta encontrar en la informática el camino que estaba buscando. Actualmente trabaja como Desarrollador Web, una actividad que lo mantiene muchas horas frente a la computadora, pero que él no percibe como algo ajeno a la creatividad. Por el contrario, entiende la programación, el diseño y la maquetación como herramientas contemporáneas para canalizar la misma necesidad de crear que lo acompaña desde la infancia.
Para Alejandro, el arte ocupa un lugar central en la vida cotidiana. Más allá de las herramientas que utilice, existe una constante que atraviesa todas sus búsquedas: la necesidad de construir imágenes y compartir una mirada propia sobre el mundo.
Vínculo con la fotografía
A diferencia de muchos fotógrafos que descubren la cámara durante la infancia o la adolescencia, la fotografía llegó a la vida de Alejandro de manera relativamente tardía y casi por casualidad. Recién en diciembre de 2017 pudo adquirir su primera cámara. Dos años más tarde decidió comenzar a estudiar fotografía en centros culturales, un paso que terminaría transformando por completo su relación con la imagen.
Aquella decisión marcó un punto de inflexión. Desde entonces no ha dejado de formarse, realizar cursos y profundizar sus conocimientos técnicos y conceptuales. Lo que comenzó como una curiosidad se convirtió rápidamente en una práctica constante y en una forma de expresión cada vez más importante dentro de su universo creativo.
Su primer ejercicio fotográfico fue una imagen de un ventilador realizada durante un taller de fotografía básica. Aunque pueda parecer una anécdota menor, ese ejercicio sintetiza algo de su personalidad: una mirada que observa la cotidianidad, aprendiendo a comprender la luz, la composición y la construcción de una imagen habitual, antes de salir a buscar grandes escenas.
Alejandro no es de los fotógrafos que llevan la cámara consigo todo el tiempo. Prefiere preparar sus salidas y dedicarles tiempo. Cuando hace fotografías, puede pasar horas buscando una imagen sin conformarse fácilmente con el primer resultado. Esa búsqueda paciente responde a una inquietud sencilla: encontrar una fotografía capaz de generar conexión con quien la observa.
Referentes fotográficos
Entre sus principales referentes aparecen fotógrafos tan diversos como Rodrigo Abd, Adriana Lestido, Graciela Iturbide, Helen Zout, Jorge Mónaco, Alberto García-Alix, Robert Mapplethorpe, Steve McCurry y Martín Chambi. Esta variedad de nombres y estilos fotográficos implícitos refleja su curiosidad permanente y su búsqueda que no se limita a un único lenguaje visual.
Aunque reconoce influencias múltiples, existe un territorio donde se siente especialmente cómodo: la fotografía documental y el retrato ambiental. Más que los paisajes o las escenas cuidadosamente controladas, le interesa fotografiar a las personas en los espacios donde siente que la vida ocurre de verdad: Ferias, talleres, calles, comercios y hogares se convierten en escenarios donde las historias aparecen de forma espontánea.
Su interés no está puesto en construir una imagen perfecta o excesivamente dirigida, sino en integrar a las personas con su entorno para que cada fotografía cuente algo más amplio que un simple retrato. Alejandro busca capturar momentos auténticos, situaciones reales y fragmentos de la vida cotidiana que revelen algo sobre quienes habitan esos espacios. Aunque considera que todavía está construyendo su propia mirada, reconoce que su trabajo se mueve cada vez más cerca de una fotografía que observa antes de intervenir y que encuentra valor en lo cotidiano.
Experiencias y proyecciones
Alejandro identifica el momento decisivo en su recorrido fotográfico en el año 2019, cuando decidió dejar de tener la cámara guardada para comenzar a estudiar seriamente. Ese cambio de actitud transformó su forma de entender la fotografía y abrió un camino de aprendizaje que continúa hasta hoy.
A Alejandro le interesa que quien observe sus fotografías encuentre algo que lo interpele, ya sea una emoción, un cuestionamiento o identificación con la escena retratada. Su interés por el documentalismo y el retrato ambiental nace precisamente de esa necesidad de mostrar a las personas en contextos reales, lejos de las construcciones artificiales o de las puestas en escena excesivamente controladas.
De cara al futuro, quiere seguir profundizando en el retrato ambiental y desarrollar una integración cada vez más sólida entre la fotografía y las herramientas digitales con las que trabaja a diario. Su experiencia en el desarrollo web y en la creación visual digital representa un territorio que todavía siente que puede explorar mucho más.
A diez años se imagina con una mirada más madura y consolidada, capaz de abordar proyectos fotográficos de mayor profundidad. Pero sus aspiraciones no son únicamente individuales. También sueña con ver a Ombú Fotoclub consolidado como una comunidad creativa de referencia, con un espacio propio donde fotógrafos de distintas generaciones puedan encontrarse, aprender y crecer juntos.
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Alejandro Masedra integra Ombú Fotoclub aportando una mirada construida desde la intersección entre arte, tecnología y fotografía. Dentro del colectivo, su curiosidad permanente y su compromiso con el aprendizaje enriquecen constantemente los espacios de intercambio y crecimiento compartido. Además de su trabajo fotográfico, es una de las personas que impulsa gran parte de las iniciativas tecnológicas del grupo, aportando su conocimiento al desarrollo de nuestra página web, la aplicación de Ombú y otros proyectos que ayudan a transformar las ideas colectivas en herramientas concretas. Su trabajo nos recuerda que la creatividad también puede expresarse construyendo los espacios que hacen posible el encuentro.
Autora: Becky Plaza Fotógrafa y cofundadora de OMBÚ Fotoclub