Orígenes del fotógrafo
Osky nació en lo que entonces se conocía simplemente como Buenos Aires, a fines de los años ’50, en una ciudad que aún conservaba calles de tierra, juegos en la vereda y una vida cotidiana atravesada por la imaginación y la literatura, más que por los medios audiovisuales y la tecnología. Creció en un entorno donde el tiempo transcurría sin pantallas, sin urgencias digitales, con espacios abiertos para observar y crear.
Desde muy chico encontró en la lectura una forma de expandir su mundo. Julio Verne fue el primer escritor que lo llevó a dar viajes, desde el fondo del océano con su submarino, hasta dar paseos de ida y vuelta a la Luna en cohetes imaginarios, sin moverse de la casa de sus padres. Ese vínculo temprano con la imaginación dejó una huella persistente en su manera de mirar: una sensibilidad marcada por la melancolía y la curiosidad del mundo onírico.
En su entorno familiar la fotografía tenía presencia antes de que él descubriera que le apasionaba. Su padre tenía una cámara Gevaert de 8 exposiciones y una Leica. Fue esa primera cámara, y el apoyo de su padre, lo que le permitió dar sus primeros pasos en la captura de imágenes. Desde entonces, la fotografía dejó de ser algo ajeno para convertirse en una práctica constante en su vida.
Pero la fotografía no es la única de sus pasiones. El arte del bonsái ocupa un lugar central como ejercicio de paciencia y contemplación, mientras que la lectura sigue siendo un refugio al que vuelve de tanto en tanto, aunque no le dedica el mismo tiempo que en su juventud. Tanto el bonsái como la fotografía son para Osky espacios de creatividad cotidiana que lo absorben sin que sienta el más mínimo pesar por ese hecho.
Vínculo con la fotografía
Su relación con la fotografía comenzó entre los 7 y 8 años, cuando su padre le prestó una cámara por primera vez. Aquella experiencia inicial, probablemente para una excursión escolar de la que no tiene claro el recuerdo, despertó una curiosidad que no se apagó con el tiempo, la de la fascinación de ver una imagen que le gustó y captó, inmortalizada en sus manos en un papel.
Desde entonces, la fotografía ha estado presente en su vida durante más de seis décadas. En sus comienzos, estuvo ligada a lo familiar: retratar a sus padres, a su hermana,sus abuelos, después los viajes y las vacaciones con sus hijos y su esposa. Sin embargo, incluso en ese contexto, buscaba algo más: una imagen que se apartara de lo típico, que tuviera otra intención.
Para Osky, hacer fotos es capturar un instante irrepetible. Un momento único que queda suspendido en la imagen. Su impulso al salir con la cámara no responde a una inspiración previa, sino a la atención. Se define, en ese sentido, como un cazador: alguien atento a lo que ocurre a su alrededor, dispuesto a reconocer el momento cuando aparezca ante sus ojos.
En los últimos años, decidió profundizar su vínculo con la fotografía de manera más consciente, incorporando formación, talleres y práctica sistemática. Ese regreso más estructurado y formal no ha reemplazado a su intuición. Sus cursos y formaciones como fotógrafo profesional han afinado su intuición y fortalecido su mirada.
Referentes fotográficos
Sus referentes son múltiples y diversos, lo que refleja una mirada abierta a distintos lenguajes y estilos. Entre ellos se encuentran figuras clave de la fotografía mundial como Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, Sebastião Salgado, Steve McCurry, Robert Frank y Vivian Maier, así como referentes argentinos como Pedro Luis Raota, Adriana Lestido y Sara Facio.
Más allá de los nombres, lo que le atrae es la capacidad de cada fotógrafo de construir una mirada propia que los representa e identifica.
Su interés principal se centra en la fotografía callejera y el retrato, dos territorios donde la interacción humana ocupa un lugar central. En la calle, la cámara le permite superar su timidez, acercarse a las personas, dialogar o capturar escenas espontáneas. En el retrato, ya sea en estudio o en exteriores, encuentra un espacio donde se siente cómodo y expresivo.
Su mirada se construye con la práctica. Entiende a la fotografía como un ejercicio continuo de percepción: la forma en que se observa la luz, las situaciones y los detalles cambia a medida que él mismo cambia. En otras palabras, su capacidad se entrena y evoluciona a medida que él mismo crece y se desarrolla como persona.
Experiencias y proyecciones
A lo largo de su recorrido, ha participado en diversas muestras y ha recibido reconocimientos dentro del ámbito fotográfico. Destaca especialmente haber obtenido un honor de la Federación Argentina de Fotografía, de la cual es miembro federado, así como la obtención de su título formal como fotógrafo, logros que han consolidado su camino dentro del oficio.
A este recorrido se suma un proyecto especialmente significativo: su primer libro, un ensayo fotográfico dedicado a su profesora de bonsái, Marita Gurruchaga. A través de una mirada respetuosa, amable y curiosa, Osky se adentra en el arte y la vida de su Sensei, construyendo un relato que trasciende la técnica para mostrar la dimensión más íntima de una trayectoria. En ese gesto, su obra nos recuerda que incluso las figuras más emblemáticas están atravesadas por la misma condición que todos: la vulnerabilidad, el tiempo y la vida en su estado más esencial.
Sin embargo, más que los hitos externos, lo que lo moviliza es el efecto de sus imágenes en quien las observa. Su principal inquietud es que sus fotografías transmitan “algo”. Una sensación, una pregunta, y sobre todo, un motivo para detenerse y mirar con mayor atención.
En los últimos años ha profundizado su formación a través de cursos y talleres, entendiendo que el aprendizaje sistemático es fundamental en un campo tan amplio como la fotografía. Actualmente se encuentra desarrollando conocimientos en composición e iluminación en estudio, ampliando sus herramientas sin abandonar su mirada personal.
A futuro, su proyección es clara: seguir fotografiando, seguir aprendiendo y comenzar a enseñar. Ya ha tenido experiencia en la enseñanza del bonsái, y hoy traslada ese deseo a la fotografía a través de su proyecto @personalphoto.trainer, un espacio orientado a acompañar a otros en el aprendizaje, no sólo técnico, sino también conceptual. Su objetivo es simple y directo: ayudar a que las personas comprendan por qué hacen una fotografía de una determinada manera, más allá de si se trata de un aficionado o un profesional.
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Osky es miembro fundador de Ombú Foto Club aportando una mirada construida a lo largo de sus décadas de práctica, donde el oficio, la experiencia y la observación constante se combinan con una sensibilidad profundamente humana. Dentro del colectivo, su forma de entender la fotografía, como un ejercicio del tiempo, la paciencia y la atención, y su avasallante pasión, suman una perspectiva reflexiva y comprometida con el valor del proyecto.
Autora: Becky Plaza Fotógrafa y cofundadora de OMBÚ Fotoclub