Apuntes de ruta y fotografía III

agosto 25, 2026

La lluvia también era parte del viaje

Mi último viaje fue a Urubici, un pequeño pueblo rural de la Serra Catarinense, en el estado de Santa Catarina, Brasil. Llegué allí con la intención de recorrer esas sierras y descubrir sus paisajes: miradores construidos sobre los acantilados que hacen sentir que uno observa el mundo desde una nube, y bodegas de altura escondidas entre cascadas, ríos y caminos silenciosos.

Una tarde, sin embargo, una tormenta arruinó nuestros planes de salir a recorrer la zona. Nos vimos obligados a refugiarnos en la cabaña donde nos alojábamos. Un café al calor de la salamandra fue la excusa perfecta para quedarnos allí, contemplando la lluvia a través de los grandes ventanales. Ese momento, que en otro tiempo habría considerado una interrupción del viaje, terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos más intensos de toda la experiencia.

Mientras observaba caer la lluvia, empecé a pensar en la cantidad de viajes que había hecho a lo largo de mi vida y, sobre todo, en cómo había cambiado mi manera de viajar con el paso de los años. Tiempo atrás, una lluvia que frustrara un plan me habría provocado una profunda molestia. Mis viajes eran recorridos interminables, casi un rally en el que no podía desperdiciarse un solo minuto. La satisfacción estaba en conocer la mayor cantidad de lugares posible, y el tiempo se consumía con una velocidad vertiginosa.

Casi inevitablemente hice el mismo paralelismo con mi forma de fotografiar. Me detenía al costado de una ruta, bajaba del auto, tomaba una fotografía y seguía viaje. Una y otra vez. Así fui acumulando imágenes de casi todos los lugares por los que pasé, pero muchas veces sin haber permanecido realmente en ellos.

Hoy entiendo la fotografía de otra manera. Ese instante de calma, con el café entre las manos y la lluvia cayendo sin prisa, se parece mucho más a la forma en que quiero mirar. Fotografiar ya no es producir imágenes una detrás de otra; es detenerse, observar, habitar el lugar, descubrir su ritmo y tratar de encontrar algo esencial. Intento que cada fotografía transmita un estado de ánimo, una emoción, una pregunta, algo íntimo que me haya conmovido o llamado la atención.

Del mismo modo en que hoy viajo, dejándome sorprender por los imprevistos y las situaciones que aparecen en el camino, también dejo que la fotografía me sorprenda. Ya no siento la necesidad de seguir una planificación estricta, ni para viajar ni para fotografiar. Lo más valioso suele aparecer cuando uno menos lo espera. Y permitir que ese momento llegue, sin apurarlo, es quizá una de las formas más profundas de estar presente.

Autor: Daniel H. Oliveros Fotógrafo y miembro de OMBÚ

Scroll al inicio