Siempre me gusto fotografiar. En la época analógica, me apasionaba por hacer diapositivas. Me parecía que reflejaba exactamente (o casi) lo que yo quería mostrar. Pensaba que casi no intervenía nadie entre mi mirada y el resultado.
Más allá de esas tonteras de los 70´ y la juventud (hoy transito la 7ma década); se me vino todo lo digital encima y me llevo puesto. Me sorprendí haciendo salidas con centenares de fotos; disparando ráfagas y llenando memorias. Como todo lo novedoso, me duró poco.
Bajé de ese jet y volví a caminar lento, a saborear el momento y sobre todo a sentir la cámara como si tuviera un rollo de 36 diapos.
Hoy mis fotos representan exactamente este momento de mi vida.
Las imagino como un remanso, un tiempo muerto, un freno que yo mismo me pongo y disfruto. La fotografía hoy representa mi oportunidad de apagar la licuadora o por lo menos, bajarla al mínimo.